reseña: Guía de estilo para el uso de palabras de origen chino

Guía estiloSara Rovira-Esteva (ed.), Helena Casas-Tost (ed.), Sílvia Fustegueres i Rosich, Xianghong Qu y Mireia Vargas-Urpi
Adeli Ediciones, 2015. 134 pág. ISBN: 978-84-940818-7-3

La mera aparición de este libro –el hecho de que una editorial haya tomado la decisión de publicarlo- constituye de por sí una evidencia de cómo han cambiado las tornas en el mundo en que vivimos. Los referentes chinos han dejado de ser patrimonio exclusivo del chiste tonto y fácil, de las etiquetas del economato de la esquina o del eventual numerito exotizante. En el mundo actual, hay palabras chinas que determinan el precio del cobre o de la soja, que ganan premios Nobel, que se interesan por tus productos, que proyectan líneas ferroviarias para unir los dos grandes océanos de América Latina o que compran edificios enteros en el corazón de una capital europea. No vamos a caer en el tópico de afirmar que este es el siglo de China, etcétera, etcétera, pero salta a la vista que lo que leemos y escribimos está cada vez más lleno y necesitado de palabras de origen chino.

Salta a la vista y, en ocasiones, duele la vista. Gazapos como la transcripción incorrecta de los nombres propios o las contradicciones e incoherencias en el uso de algunos referentes menudean, por ejemplo, en el mundo editorial y en los medios de comunicación, una mancha de la que no se libran ni tan siquiera los más prestigiados. Estos medios podían permitirse no echar mucha cuenta de estos errores y salirse de rositas hasta hace bien poco, pero el aumento de la presencia china en nuestras vidas se refleja con cada vez más asiduidad en los noticieros y las páginas de la prensa. Y con el destacado aumento de estudiantes de lengua china en nuestras latitudes, la masa crítica capaz de reconocer, sonrojarse o reírse con esos errores es cada vez más numerosa. La publicación de este libro no deja lugar a excusas, y bien harían tales medios en incorporar este volumen a las estanterías de sus redacciones. La necesidad de los medios de ponerse al día con el uso de palabras chinas se convierte casi en obligación si tenemos en cuenta que son ellos los que, por su alcance, determinan muchos de los usos lingüísticos de los hablantes en general.

La redacción de esta guía de estilo ha estado a cargo de un equipo de traductoras y docentes de la lengua china en la Universidad Autónoma de Barcelona bajo la dirección de Sara Rovira-Esteva y Helena Casas-Tost. La experiencia pedagógica de las autoras reluce en la obra, que proporciona explicaciones claras e incluye tablas de recapitulación y de recomendaciones que resultan muy útiles para consultas rápidas, además de un exhaustivo glosario final con los términos más frecuentemente usados, una cronología histórica (la famosa lista de las dinastías) y aspectos fonéticos y de transcripción.

La guía refleja igualmente una concienzuda labor de identificación de problemas, dudas y necesidades que pueden surgir a la usuaria, pues prácticamente no hay resquicio que quede fuera del alcance del manual (quien esto escribe da fe, pues lo ha venido usando durante varios meses).

Se trata, además, de la primera obra que lidia con el uso de términos chinos desde el español y que tiene en cuenta las características propias de esta lengua. Hasta ahora, la mayoría de las prácticas en el uso de palabras chinas en español venían dadas por organismos y medios de comunicación de la propia China continental u otros territorios sinófonos. Estas prácticas, además de resultar en ocasiones incoherentes y  de estar escasamente estandarizadas, tomaban únicamente el inglés –y más concretamente el inglés estadounidense- como lengua de referencia, sin tener en cuenta las especificidades fonéticas, ortográficas y culturales de otras lenguas como el español. De ahí el absurdo, por ejemplo, de usar la palabra «condado» para referirse a cierta unidad administrativa en China. Por otra parte, dentro del español, las propuestas que ofrece son por lo general neutras y no parecen incurrir en «iberismos», aunque el juicio queda obviamente en manos de los hablantes de otras variantes del español tanto en América como en la península, que podrían aportar comentarios y sugerencias para futuras reediciones de esta obra.

El manual se abre con una muy buena y concisa introducción cultural e histórica sobre la lengua china que, aunque a simple vista pueda parecer de más, resulta muy necesaria para entender algunas casuísticas, contextos y, sobre todo, para que el lector comprenda de manera razonada ciertas recomendaciones que se ofrecen más adelante.

El volumen dedica apartados a la transcripción y el manejo de los nombres propios (uno de los errores clásicos: confundir el nombre con el apellido, que en chino llevan el orden inverso), los topónimos (ofrece una convincente propuesta  para uno de los grandes dilemas: Pekín o Beijing) o la organización administrativa e institucional de territorios sinófonos (todo un laberinto, especialmente en el caso de la República Popular). En secciones posteriores, la guía se detiene en aspectos como el calendario y las festividades, las unidades de medida y de moneda, cuya aparición, aunque relativamente puntual, también es cada vez más frecuente.

Un aspecto que añade valor a esta guía es que no se detiene en el uso escrito del idioma chino, sino que incluye además una sección sobre pronunciación para que reporteros y conferenciantes no tengan que batallar con las consonantes del pinyin. Y, por si fuera poco, la pronunciación puede consultarse en audio a través de la página web de la editorial (adeliediciones.com/recursos). Lo dicho, no le faltan detalles.

Más allá del público general, otro acierto de esta guía ha sido incluir secciones que resultarán especialmente útiles para las usuarias más especializadas. El creciente número de personas que estudian y/o trabajan con esta lengua (alumnado de Estudios Chinos o Asiáticos, traductoras, investigadoras, etc.) encontrarán un apartado que ofrece un estándar para elementos como las citas y referencias bibliográficas, así como una tabla de correspondencias entre los distintos sistemas de transcripción para no marearse al manejar obras de referencia en varias lenguas.

Así, pues, esta guía de estilo resulta una obra oportuna y necesaria para profesionales de los ámbitos más diversos, desde las empresarias que deseen manejarse correctamente con un socio en China hasta especialistas e investigadores del ámbito académico a cualquier nivel, pasando por las periodistas que quieran evitar quedar mal ante una audiencia cada vez más exigente. Pero, además, la amplitud de los contenidos y la relevancia que en ella se dan a los aspectos culturales la hacen también una obra interesante para satisfacer la curiosidad del público general. Una herramienta de trabajo que ha conseguido llenar muy acertadamente una necesidad acuciante, y que irá ganando en utilidad y relevancia con los años y en paralelo a la evolución del mundo que vivimos.

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