Autodisección

(Fragmento)*

Xu Zhimo

Traducción de Manuel Pavón Belizón

        Soy una persona dada al movimiento. Cada vez que mi cuerpo se pone en marcha, mi pensamiento, como si fuera tras él, comienza a agitarse. No pocos de los poemas que escribo, sin importar lo “insustanciales” que resulten, me han venido a la mente durante mis viajes. Amo el movimiento, amo contemplar las cosas que se mueven, amo a la gente rebosante de vivacidad, el agua, los pájaros que agitan sus alas en el aire, los campos, las montañas y los ríos que resbalan fugazmente por fuera de la ventana del coche. El titilar de las estrellas, el temblor de las gotas de rocío sobre las hojas, el agitarse de las flores en la brisa, las mutaciones de las nubes en el aire los días de tormenta, el ímpetu de las olas en el mar… Todo ello alienta mis emociones. Es el movimiento, sea cual sea su naturaleza, lo que me anima y me inspira, lo que acelera mi respiración y me infunde vida.
        Últimamente, sin embargo, todo esto ha cambiado enormemente. Para empezar, mis extremidades ya no tienen la misma agilidad que antes; mi corazón también lo siente así, no sé si será por la edad o por qué otra atadura. El fenómeno del movimiento ya no me hace disfrutar ni me ofrece revelación alguna. Antes, al observar los destellos del oleaje bajo el sol, parecía como si estuviera contemplando el palacio de los inmortales –una ilusión absurda y hermosa, una agitación fulgurante en mi cabeza ausente. Ahora ya no es lo mismo: el sol no es más que el sol, la marea no es más que la marea. Da igual cuán espléndido sea un paisaje: éste ya no alcanza a iluminar mi alma entumecida. Mi pensamiento, cuando ocasionalmente surge, no es más que una planta trepadora sobre una roca, adherida a una superficie seca y áspera a la que se agarra con gran dificultad; de un color oscuro, lucha por poder extenderse sin trabas.
        Ni siquiera yo alcanzo a comprender cómo estos cambios han podido llegar de manera tan súbita, tan profunda. Antes, cuando me hallaba ante los demás, me sentía como el torrente de un manantial, que salpica y centellea; ahora, parece como si la fuente de ese manantial, si acaso aún existe, estuviera ahogada por una losa de piedra. Ya no queda nada de aquel intenso goce; cada vez que deseo decir algo, el peso de esa losa se me viene encima y no hay forma de levantarla ni retirarla. Lo único que puedo hacer es resignarme en el silencio.

*Traducción ganadora del IV Concurso de Traducción Literaria China “Instituto Confucio” 2012.

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Texto original:

自剖

徐志摩(著)

        我是个好动的人;每回我身体行动的时候,我的思想也仿佛就跟着跳荡。我做的诗,不论它们是怎样的“无聊”,有不少就是在行旅期间想起的。我爱动,爱看动的事物,爱活泼的人,爱水,爱空中的飞鸟,爱车窗外掣过的田野山水。星光的闪动,草叶上露珠的颤动,花须在微风中的摇动,雷雨时云空的变动,大海中波涛的汹涌,都是在触动我感兴的情景。是动,不论是什么性质,就是我的兴趣,我的灵感。是动就会催快我的呼吸,加添我的生命。 

  近来却大大变样了。第一我自身的肢体,已不如原先灵活;我的心也同样的感受了不知是年岁还是什么的拘絷。动的现象再不能给我欢喜,给我启示。先前我看着在阳光中闪烁的余波,就仿佛看见了神仙宫阙——什么荒诞美丽的幻觉,不在我的脑中一闪闪的掠过;现在不同了,阳光只是阳光,流波只是流波,任凭景色怎样的灿烂,再也照不化我的呆木的心灵。我的思想,如其偶尔有,也只似岩石上的藤萝,贴着枯干的粗糙的石面,极困难的蜒着;颜色是苍黑的,姿态是崛强的。

  我自己也弄不懂得何以这变迁来得这样的兀突,这样的深彻。原先我在人前自觉竟是一注的流泉,在在有飞沫,在在有闪光;现在这泉眼,如其还在,仿佛是叫一块石板不留余隙的给镇住了。我再没有了先前那样蓬勃的情趣,每回我想说话的时候,就觉着那石块的重压,怎么也掀不动,怎么也推不开,结果只能自安沉默!

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