SOS

Mu Xin (木心, 1927-2011)

 

Todas las puertas se abren, y un caudal de gente fluye hacia el pasillo…

(Él regresa al camarote y ordena sus pertenencias.)

Desde la sala del capitán del buque se retransmite el siguiente mensaje:

«…Los aviones de rescate ya han despegado…dos lanchas patrulleras se aproximan a toda
velocidad…»

El capitán advierte que, aunque no puede aconsejar a nadie que permanezca a bordo…

El capitán dice que, sin embargo, tampoco se opondrá a la voluntad de ningún pasajero de permanecer en el barco, ya que los botes salvavidas no representan en modo alguno una
garantía absoluta, especialmente en el caso de ancianos y niños.

A la velocidad a la que se hunde el buque en estos momentos…

Aún hay esperanzas; acaso tenga éxito la reparación de emergencia en el sistema de drenaje…

(Él se apresura para llevar consigo únicamente lo estrictamente necesario y dejar el barco.)

Aquellos pasajeros que decidan subir a los botes salvavidas tan solo deben llevar consigo sus documentos de identificación, escrituras de propiedad y joyas más valiosas…salvar la vida es lo fundamental… el resto ha de dejarse atrás…

Debe mantenerse la calma, reúnan sus pertenencias y abandonen su camarote a la mayor brevedad posible, todo aquel que esté a bordo no debe…

Mantengan la calma… sigan las instrucciones…

La tripulación está a cargo de cada bote, de ningún modo…

(Ya no presta atención al mensaje retransmitido.)

Por un momento, piensa en el firme arraigo de sus costumbres como cirujano. Dispone todo en la pequeña caja con orden y de manera apropiada, sube la cremallera y cierra los broches con ademanes que más bien se asemejan a los que emplearía para suturar el pecho de un paciente.

Lamenta haber elegido embarcarse en este viaje.

(Al pasar junto a un espejo, observa su reflejo por un instante.)

Una vez en el pasillo, los objetos están inclinados, todas las puertas abiertas de par en par o entreabiertas, y no hay nadie; le desconcierta su propia lentitud de reacción, por lo que echa a correr.

Al girar la esquina en las escaleras de acero, cae una bolsa y también una mujer está a punto de caer…él se apresura a cogerla y le ayuda a sentarse en las escaleras. No puede ver sus rasgos con claridad, pero sabe que se trata de una parturienta cuando observa cómo ella, encorvada, sujeta entre las manos su vientre hinchado y se lamenta.

Ayuda a la mujer a incorporarse sosteniéndola por el brazo, carga con ella y baja las escaleras hasta entrar en un camarote, sobre cuya cama deposita a la mujer:

—Soy médico.

(Por el pasillo aún se apresura gente.)

Él cierra la puerta.

Ella se quita la falda y las prendas interiores.

—¿Primeriza?

Ella asiente con la cabeza y entonces, de repente, grita. Su cabeza se agita sobre la almohada.

—Respire profundamente… ¿Ha oído bien? ¡Respire profundamente!

Mueve la lámpara de sobremesa junto a la cama, fija el ángulo de iluminación, busca algo que pueda hacer las veces de fórceps. Tal vez no sea necesario. Lo imprescindible son unas tijeras con las que cortar el cordón umbilical.

—Respire profundamente, enseguida vuelvo, no llore.

Ella gira sobre su cuerpo, se dobla y lucha.

Él le obliga a yacer boca arriba, separar las piernas y flexionar las rodillas; el canal del parto ya está abierto, y examina la posición del feto… Cuando palpa con suavidad, advierte que el bebé viene de cabeza. Siente un breve alivio por ello y entonces se percata de la frialdad de sus propios pies.

(El agua fluye por debajo de la puerta y penetra en la habitación.)

Ella respira, le asiste su voluntad pero no sus fuerzas para seguir sus instrucciones, y reprime continuamente el impulso de incorporarse sobre la cama.

Él coloca una almohada detrás de su espalda y desgarra una sábana para poder sujetar el cuerpo de ella a la cama.

Presiona con ambas manos el abdomen, y el líquido amniótico fluye abundante…

—Respire… contenga el aliento… relájese… respire rápido… respire… contenga la
respiración… conténgala.

Puede ver la cabeza del bebé, pero el cérvix no está lo suficientemente dilatado. Todo cuanto puede hacer es insertar dos dedos a izquierda y derecha, sostener la cabeza y tirar de ella al mismo tiempo…

El llanto del bebé se escucha sano y fuerte, y el cuerpo de la madre expulsa la placenta.

Él corta el cordón umbilical, saca una manta de franela de algodón con la que envolver al bebé y una sábana que ata firmemente en torno a la parte inferior del cuerpo de la madre…

Ella lleva al bebé, él la lleva a ella.

Ve y no ve el agua que se filtra en la habitación por los cuatro costados de la puerta cerrada.

Gira el pomo de la puerta…

El agua de mar entra a raudales como una pared…

Llena la cabina…

(La lámpara todavía brilla bajo el agua).

La luz se apaga.

Traducción de Ana Padilla Fornieles

Traducción ganadora del VIII Premio de Traducción Literaria China del Instituto Confucio de Granada (2016-2017).


 

SOS
木心(著)

门都打开,人都涌到走道里……
(他退进舱房,整理物件)
船长室的播音:
……营救的飞机已起航……两艘巡弋的炮舰正转向,全速赶来……
船长说,但他不能劝告大家留守船上等候……
船长说,但如果旅客自愿留在船上,他也不能反对,因为,下救生艇并非
万全之策,尤其是老人和孩子们。
按此刻船体下沉速度……
排水系统抢修有希望……
(他能加快的是整出最需要的物件,离船)
……决定下艇的旅客,只准随带法律凭证、财产票据、贵重饰品……生命
高于一切……身外之物,必须放弃……
镇静,尽快收拾,尽快出舱,一律上甲板列队,切勿……镇静……务必听从安排……每艇各配水手,切勿……
(不再注意播音)
刹那间他自省从事外科手术的积习之深,小箱整纳得如此井然妥贴,便像
缝合胸腔那样扯起拉链,揿上搭扣。
懊悔选择这次海行。
(经过镜前,瞥一眼自己)
走道里物件横斜,房门都大开半开,没人——他为自己的迟钝而惊诧而疾
走而迅跑了。
转角铁梯,一只提包掉落,一个女人也将下跌……抢步托住她,使之坐在
梯级上,不及看清面目,已从其手捧膨腹的伛偻呻吟,判知孕妇临产。
搀起,横抱,折入梯下的舱房,平置床上:
“我是医生。”
(走道里还有人急急而过)
他关门。
她把裙子和内裤褪掉。
“第一胎?”
点头,突然大喊,头在枕上摇翻。
“深呼吸……听到吗深呼吸!”
台灯移近床边,扭定射角,什么东西可以代替皮钳,也许用不着,必需的
是断脐的剪子。
“深呼吸,我就来,别哭。”
她覆身弓腰而挣扎。
强之仰卧,大岔两腿,曲膝而竖起——产门已开,但看胎位如何……按摩
间觉出婴头向下,心一松,他意识到自己的脚很冷。
(海水从门的下缝流入)
她呼吸,有意志而无力气遵从命令,克制不住地要坐起来。
背后塞枕,撕一带褥单把她上身绑定于床架。
双掌推压腹部,羊水盛流……
“吸气……屏住——放松……快吸……吸……屏住——屏住。”
婴儿的脑壳露现,产门指数不够,只能左右各深二指插入,既托又曳……
婴儿啼然宏然,胎盘竟随之下来了。
割断脐带,抽过绒毯将婴儿裹起,产妇下体以褥单围紧……
她抱婴儿,他抱她
看见也没有看见门的四边的缝隙喷水
转门钮——
海水墙一样倒进来
灌满舱房
(水里灯还亮)
灯灭。

 

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