Un débil hombre desdoblado

Qu Qiubai

Un caballo macilento que arrastra una pesada carreta de varias toneladas asciende, poco a poco, por una ladera empinada. Por mucho que quiera, no puede volver atrás, ni tampoco puede seguir avanzando por mucha voluntad que tenga. Así era cómo me sentía durante mi mandato como líder político [del Partido Comunista Chino]. El cansancio por no ser capaz de deponer mis responsabilidades me suponía una carga indescriptible. El agotamiento mental y político me llevaba a anhelar un descanso «dulce como la miel» que me entumeciera el cerebro y, así, no pensar en absolutamente nada. Desde que me destituyeron del Buró Político en el IV Plenario del Partido Comunista en enero de 1931, mi estado puede calificarse perfectamente de «vacío mental». Y así me he mantenido hasta ahora.  

Tengo apenas treinta y seis años (aunque, según el calendario lunar, tengo treinta y ocho). Y sin embargo, me siento ya exánime, como si me hubiera abandonado por completo el  ímpetu de la juventud. No es solo la pereza que me produce pensar en cuestiones políticas, sino que cualquier diversión y hasta el paisaje me causan indiferencia. En 1919 empecé a escupir sangre y hasta la fecha no he tenido la ocasión de hacerme tratar. El avance de la tisis que me afecta los pulmones alcanzó una fase crítica en 1926. Aquel año, conseguí reponerme a duras penas. Pero de inmediato tuve que marcharme a Wuhan, donde tuve que pasarme medio año haciéndome cargo de tareas de lo más engorrosas. Y así, aunque había conseguido dejar atrás la fase más crítica de mi enfermedad, aquellos esfuerzos deterioraron mi salud y me debilitaron hasta dejarme prácticamente impedido. Desde 1920 hasta principios de 1931, durante una década completa —a excepción de unos cuantos días en los que quedé postrado en cama sin poder moverme e inconsciente—, mi cerebro no ha podido hallar reposo. Durante el tiempo en que estuve al cargo [del Partido], mis nervios estaban en una tensión enorme y podía pasarme ocho o hasta diez días sin dormir por tener que escribir un ensayo o un informe político. Quizá esa década que pasé sin descansar es la causa de mi agotamiento mental y mi psicastenia, a pesar de que me encuentro lejos aún de la vejez. Con todo, quizá esos diez años de brega no fueron para tanto, pero acabaron convirtiéndome en un inútil decrépito e incapaz. Soy débil, no soporto ningún esfuerzo.  

Quizá todo se deba a que mi cuerpo era de natural poco vigoroso, «deficiente por defecto», como se suele decir. 

Si bien a mis trece o catorce años ya vivía en la pobreza, mi familia pertenecía a eso que llaman la clase noble, que «vive de las rentas y los impuestos», con varias generaciones de letrados y funcionarios. Cuando tenía cinco o seis años, mi tío-abuelo Qu Ruishao ocupó un cargo de alto funcionario en la provincia de Hubei. Cuando murió, ejercía como inspector general de esa provincia. Por eso, aunque los terrenos y las casas que poseía la familia se habían vendido todos diez años antes, los ingresos como funcionarios de mi tío-abuelo y del hermano mayor de mi padre me permitieron durante mi infancia pasar varios años viviendo como un auténtico señorito. Era «absolutamente obligado» mantener nuestro prestigio nobiliario. Mi madre se suicidó para que mi hermano y yo pudiéramos continuar nuestros estudios. Aunque puso fin a sus días asediada por la pobreza y a pesar de que en casa ni siquiera teníamos arroz para comer, seguíamos contando con los servicios de una criada (a fecha de hoy, todavía le adeudamos varios meses de sueldo). Nunca tuvimos que lavarnos la ropa ni hacernos la comida.   

Para poder seguir vistiéndonos hasta entonces con la túnica larga de los letrados, tras la muerte de mamá, nos quedó pendiente una deuda de cuarenta yuanes y tuvimos que empeñar los muebles que nos quedaban. Lo cierto es que nunca he podido deshacerme de mi conciencia de noble -tan profundamente aferrada en mi que resulta difícil adivinarla en mi apariencia. 

Al mismo tiempo, cuando tenía veintiún o veintidós años, cuando se supone que la visión de la vida empieza a tomar forma, mi pensamiento pasó rápidamente del anarquismo tolstoiano al marxismo. La visión de la vida o la ideología son una manera de pensar —lo que se dice una línea de pensamiento. Ahora que me había adentrado en ese camino, ya no era fácil cambiar. ¿Y qué es el marxismo? Es la visión proletaria del universo y de la vida, totalmente opuesta a mi intrínseca conciencia nobiliaria, mi conciencia de letrado chino y mi conciencia de pequeñoburgués o comerciante, en la que luego degeneraría. Dentro de la decadente conciencia de clase de los nobles chinos, hay varios componentes: por ejemplo, la benevolencia y la cortesía hipócritas, el evitar los enfrentamientos… y hasta la idea de vivir parasitariamente como un ermitaño. (Cuando los nobles caen en la ruina absoluta, se vuelven bohemios —urbanitas vagabundos de alto nivel, personajes desalentados, pusilánimes, románticos y aun pretenciosos. Hablando en plata: unos inútiles. Creo que esta lucha constante que se libra en mi mente entre mis dos conciencias ha erosionado la mayor parte de mis fuerzas. En todo momento, he tenido que contener mis emociones de noble y de vagabundo, obligándome a usar la racionalidad marxista que había aprendido para crearme nuevas emociones, una nueva manera de sentir. Y aun así, la conciencia proletaria nunca consiguió vencer en mi mente). 

Cuando asistía a reuniones políticas, «iba al grano», evitando dejar al descubierto mi «sentir» y limitándome a exponer el poco de teoría que sabía para atajar una asunto, decidir sobre cierta política, etc. Siempre consideré que hacía ese trabajo «en lugar de otro». Me fastidiaba participar en reuniones o escribir artículos, y me daba prisa en acabarlos para poder volver «a mi sitio» a descansar. Mi sueño era ejercer de profesor en una ciudad pequeña cualquiera. No para desarrollar una pedagogía, sino tan solo para ganarme el pan y, en mi tiempo de asueto, leer los libros que me gustan, la literatura, las novelas, la poesía, las canciones y todo eso. Libre y sin ataduras.

Este desdoblamiento de mi persona lo descubrí muy pronto —y el año pasado lo entendí de manera más íntegra aún. Ya no puedo engañarme a mí mismo. Sin embargo, tras la reunión del 7 de agosto [de 1927] [1], no dije nada al respecto, ni tampoco después de la IV Sesión Plenaria [del VI Congreso Nacional del PCCh, en enero de 1931] [2]. Hasta el año pasado, seguí sin tomar ninguna decisión, resistiendo. Ni siquiera le dije nada a Zhihua (mi mujer), y cuando, por casualidad, se me iba la lengua en algo, procuraba seguir diciendo cualquier cosa para disimularlo. Me faltaba el valor. 

Y sin embargo, la verdad siempre se revelaba, pues, en ese desdoblamiento, siempre había un elemento que conseguía imponerse. Agotado y desencantado de la política, no podía seguir más con esa lucha interior que se libraba en mi pensamiento. Siendo honesto, tras la IV Sesión Plenaria, ya me había convertido en todo un charlatán —procuraba evitar dar mi parecer sobre las cuestiones políticas. Me limitaba a repetir lo que dijera el Comité Central de Partido y, si me achacaban algún error, lo asumía de inmediato, pues no me apetecía justificarme. Si me tachaban de oportunista, pues era un oportunista. Lo único que quería era delegar todo mi trabajo. A decir verdad, las cuestiones de la política y del Partido no despiertan mi interés ni me apetece estudiarlas. Si acaso, a veces me atraen un poco ciertos temas que encuentro interesantes sobre literatura moderna y la historia de la literatura, y eso tan solo porque, durante seis años, me dediqué a «los fundamentos de la escritura». Y aun así, prefiero disfrutar de la literatura mucho más que estudiarla y analizarla. Además, mi mermada fuerza física tampoco me alcanza para pensar mucho en profundidad.      

En lo que respecta a la fuerza física, me bastan poco más de dos o tres horas de actividad cerebral para quedar totalmente agotado, o bien para sentirme anormalmente excitado —una excitación inexplicable que incluso me impide dormir, me causa dolor de cabeza… y sudores fríos. 

Ay, soy una persona tan débil… ¿De qué puede servir un elemento como yo a las tropas de la llamada revolución proletaria? Creo que, si esta vida de más se dilatara todavía por un tiempo, me las ingeniaría para no tener que pensar y dedicarme solamente a un trabajo literario que no requiera ideas propias, y así «dejar pasar los años que quedan». Pero, a fin de cuentas, siempre es mejor acabar cuanto antes. 

Fragmento de Palabras de más [多余的话] (1935

Traducción de Manuel Pavón-Belizón

NOTAS

[1] En dicha reunión, Qu Qiubai fue elegido para liderar el PCCh. 

[2] En este Pleno, Qu Qiubai fue destituido como líder del Partido.

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脆弱的二元人物

瞿秋白(著)

一隻贏弱的馬拖著幾千斤的輜重車,走上了險峻的山坡,一步步地往上爬,要往後退是不可能,要再往前去是實在不能勝任了。我在負責政治領導的時期,就是這樣一種感覺。欲罷不能的疲勞使我永久感覺一種無可形容的重壓。精神上政治上的倦怠,使我渴望「甜蜜的」休息,以致於腦筋麻木,停止一切種種思想。一九三一年一月的共產黨四中全會開除了我的政治局委員之後,我的精神狀態的確是「心中空無所有」的情形,直到現在還是如此。

我不過三十六歲(雖然照陰曆的習慣我今年是三十八歲),但是,自己覺得已經非常地衰憊,絲毫青年壯年的興趣都沒有了。不但一般的政治問題懶得去思索,就是一切娛樂,甚至風景都是漠不相關的了。本來我從一九一九年就得了吐血病,一直沒有好好醫治的機會。肺結核的發展曾經在一九二六年走到非常危險的階段,那年幸而勉強醫好了。可是立即趕到武漢去,立即又是半年最忙碌緊張的工作。雖然現在肺癆的最危險期逃過了,而身體根本弄壞了,虛弱得簡直是一個廢人。從一九二○年直到一九三一年初,整整十年——除卻躺在床上不能行動神志昏瞀的幾天以外——我的腦筋從沒有得到休息的日子。在負責時期,神經的緊張自然是很厲害的,往往十天八天連續的不安眠,為著寫一篇政治論文或者報告。這繼續十幾年的不休息,也許是我精神疲勞和十分厲害的神經衰弱的原因,然而究竟我離衰老時期還很遠。這十幾年的辛勞,確實算起來,也不能說怎麽了不得,而我竟成了頹喪殘廢的廢人了。我是多麽脆弱,多麽不禁磨練呵!

或者,這不盡是身體本來不強壯,所謂「先天不足」的原因罷。

我雖然到了十三、四歲的時候就很貧苦了,可是我的家庭,世代是所謂「衣租食稅」的紳士階級,世代讀書,也世代做官。我五、六歲的時候,我的叔祖瞿睿韶,還在湖北布政使任上。他死的時候,正署理湖北巡撫。因此,我家的田地房屋雖然幾十年前就已經完全賣盡,而我小時候,卻靠著叔祖伯父的官俸過了好幾年十足的少爺生活。紳士的體面「必須」維持。我母親寧可自殺而求得我們兄弟繼續讀書的可能;而且我母親因為窮而自殺的時候,家裡往往沒有米煮飯的時候,我們還用著一個僕婦(積欠了她幾個月的工資,到現在還沒有還清)。我們從沒有親手洗過衣服,燒過一次飯。

直到那樣的時候,為著要穿長衫,在母親死後,還剩下四十多元的裁縫債,要用殘餘的木器去抵帳。我的紳士意識——就算是深深潛伏著表面不容易察覺罷——其實是始終沒脫掉的。

同時,我二十一、二歲,正當所謂人生觀形成的時期,理智方面是從托而斯泰式的無政府主義很快就轉到了馬克思主義。人生觀或是主義,這是一種思想方法——所謂思路;既然走上了這條道路,卻不是輕易就能改換的。而馬克思主義是什麽?是無產階級的宇宙觀和人生觀。這同我潛伏的紳士意識、中國式的士大夫意識、以及後來蛻變出來的小資產階級或者市儈式的意識,完全處於敵對的地位。沒落的中國紳士階級意識之中,有些這樣的成分:例如假惺惺的仁慈禮讓、避免鬥爭……以致寄生蟲式的隱士思想。(完全破產的紳士往往變成城市的波希美亞——高等遊民,頹廢的、脆弱的、浪漫的,甚至狂妄的人物。說得實在些,是廢物。我想,這兩種意識在我內心裡不斷地鬥爭,也就侵蝕了我極大部分的精力。我得時時刻刻壓制自己紳士和遊民式的情感,極勉強地用我所學到的馬克思主義的理智來創造新的情感、新的感覺方法。可是無產階級意識在我的內心裡是始終沒有得到真正的勝利的。)

當我出席政治會議,我就會「就事論事」,拋開我自己的「感覺」專就我所知道的那一點理論去推斷一個問題,決定一種政策等等。但是,我一直覺得這工作是「替別人做的」。我每次開會或者做文章的時候,都覺得很麻煩,總在急急於結束,好「回到自己那裡去」休息。我每每幻想著:我願意到隨便一個小市鎮去當一個教員,並不是為著發展什麽教育,只不過求得一口飽飯罷了。在餘的時候,讀讀自己所愛讀的書、文藝、小說、詩詞、歌曲之類,這不是很逍遙的嗎?

這種兩元化的人格,我自己早已發覺——到去年更是完完全全瞭解了,已經不能絲毫自欺的了;但是「八七」會議之後,我並沒有公開地說出來,四中全會之後也沒有說出來,在去年我還是決斷不下,以致延遲下來,隱忍著,甚至對之華(我的愛人)也只偶然露一點口風,往往還要加一番彌縫的話。沒有這樣的勇氣。

可是真相是始終要暴露的,「二元」之中總有「一元」要取得實際上的勝利。正因為我的政治上疲勞倦怠,內心的思想鬥爭不能再持續了。老實說,在四中全會之後,我早已成為十足的市儈——對於政治問題我竭力避免發表意見。中央怎麽說,我就怎麽說,認為我說錯了,我立刻承認錯誤,也沒有什麽心思去辯白。說我是機會主義就是機會主義好了,一切工作只要交代得過去就算了。我對於政治和黨的種種問題,真沒有興趣去注意和研究。只因為六年的「文字因緣」,對於現代文學以及文學史上的各種有趣的問題,有時候還有點興趣去思考一下,然而大半也是欣賞的分數居多,而研究分析的分數較少。而且體力的衰弱也不容許我多所思索了。

體力上的感覺是:每天只要用腦到兩三小時以上,就覺得十分疲勞,或者過分的畸形的興奮——無所謂的興奮,以致於不能睡覺,腦痛……冷汗。

唉,脆弱的人呵!所謂無產階級的革命隊伍需要這種東西嗎?!我想,假定我保存這多餘的生命若干時候,我另有拒絕用腦的一個方法,我只做些不用自出心裁的文字工作,「以度餘年」。但是,最後也是趁早結束了罷。

(选自《多余的话》,1935年)