Un vistazo a lo más joven de la literatura en China

El festival literario Bookworm vuelve a animar un año más el mes de marzo pekinés. Con una destacada variedad de eventos, y a pesar de cierto “compadrismo” en algunos rincones del programa y una chirriante ausencia del mundo académico, el Bookworm sigue siendo una muy buena oportunidad para aproximarse a algunos de los fenómenos más recientes del panorama literario en China. El foco del festival es la Literatura en general, sin necesidad de aditivos de lugar, pero sí cuenta con algunos eventos dentro de su amplio programa consagrados a escritores chinos, ya sean en solitario o en diálogo con sus pares locales o internacionales. La recepción anglosajona sigue siendo el “filtro” dominante en el festival, algo que resulta plenamente legítimo, pero se echa en falta y sería muy deseable un evento con las mismas características en el que sean los actores del mundo literario chino –autores, editoriales, revistas literarias- los que tomaran la iniciativa de presentarse con una voluntad de divulgación tan clara. Mientras esperamos que la liebre vuelva a estamparse contra el árbol, el Bookworm sigue siendo el principal evento de divulgación de la literatura en China dirigido a los no iniciados y a quienes no pertenecen estrictamente al mundo de la edición.

El pasado día 13 de marzo tuvo lugar uno de esos eventos que permiten echar un vistazo por la ranura de la puerta: los autores A Yi (阿乙) y Shuang Xuetao (双雪涛) dialogaron sobre las hornadas más recientes de escritores en China, las generaciones post-1970 (A Yi) y post-1980 (Shuang), con Eric Abrahamsen (editor de la web Paper Republic y la revista Pathlight, principales publicaciones en inglés sobre literatura china) como moderador.

Si algo quedó claro fueron las diferencias en las trayectorias que los llevaron al mundo de la literatura y, sobre todo, una brecha que se agranda con respecto a la manera en que las generaciones anteriores se iniciaron en la escritura. A Yi (n. 1976) fue editor en una revista deportiva y agente de policía antes de centrarse en la literatura. Quizá de sus años policiales le viene el gusto por la novela de intriga, un género del que se ha convertido en uno de los máximos exponentes en el país, con obras ya traducidas.

Shuang Xuetao (n. 1983), por su parte, dejó claro que en su llegada a la escritura tomó un camino bien prosaico: creció más cerca del fútbol que de la literatura en una ciudad del noreste de China. Tras graduarse, trabajó sin demasiada convicción en un banco. Un día, leyó la convocatoria de un concurso literario taiwanés y se decidió a participar. La razón: la cuantía del premio le daba de sobra para costearse un apartamento en su ciudad. Le bastaron veintiún días para escribir una novela de extensión mediana que, para su sorpresa, recibió el primer premio. Su experiencia en Taiwán durante la entrega del galardón –la atención recibida, los halagos- lo impulsaron a convertirse en autor profesional. Desde entonces, Shuang participa en el programa de escritura de la Universidad Renmin de China, en Pekín, en el que ejercen como profesores figuras de la talla de Yan Lianke o Wang Anyi. La disponibilidad de este tipo de “escuelas de escritores”, con la formación técnica y social que aportan, constituyen precisamente algo inaudito y novedoso en el panorama literario chino, como subrayó Abrahamsen.

Tanto A Yi como Shuang coinciden en señalar las diferencias abismales que separan a sus respectivas generaciones de los grupos de escritores más veteranos como Mo Yan, Ge Fei o Yu Hua. A Yi lamentó que los escritores jóvenes parecen “no sentir”, no responder emocionalmente a lo que sucede a su alrededor. “A diferencia de los autores del siglo XIX, que creaban personajes representativos de su momento, ahora no hay escritores capaces de describir el contexto en el que viven”, afirmó. Para Shuang, la diferencia estriba en que los autores de generaciones anteriores “intentaban cambiar su vida con la escritura y eso daba a sus obras un gran impulso vital, como entre los escritores de vanguardia de los años 1980”. Sin embargo, esa vitalidad, según Shuang, ha ido perdiéndose con el paso de los años, y ha dado paso a una mera obsesión por escribir obras de gran extensión como Bailuyuan (白鹿原, “La planicie del Ciervo Blanco”, escrita por Chen Zhongshi 陈忠实) y que buscan condensar “lo que es China”. ¿Podrá hablarse, quizá, de una batalla por escribir “La Gran Novela China”? El volumen casi épico de algunas de las obras en liza los convertiría en perfectas armas arrojadizas para esa batalla. Muchos de los mejores ejemplos de la literatura china moderna y contemporánea –desde Lu Xun hasta las vanguardias ochenteras- tuvieron en el relato corto su principal medio de expresión con unos resultados que dejan en evidencia lo innecesario de la deriva cuantitativa de cierta literatura actual.

Abrahamsen señaló el bajo nivel técnico de los autores de generaciones anteriores, que se veía compensado por la intensidad de sus experiencias vitales. Sin embargo, los autores más jóvenes cuentan con “mejor formación técnica, pero poca sensibilidad vital”, señaló. Al respecto, Shuang comentó que las generaciones más veteranas pudieron escribir en un momento excepcional, cuando la literatura china se renovaba tras los años del monolitismo realista. Por eso, aunque sus obras eran “inmaduras”, la excepcionalidad del momento las hizo entrar directamente en el canon de los clásicos contemporáneos. A Yi, además, lamentó que las generaciones anteriores de escritores están “bloqueando” la emergencia de las nuevas.

Parece, pues, que existen ciertos piques intergeneracionales en el seno del mundo literario en China. Xu Zechen, otro destacado autor post-1970, también lamentó la indiferencia que existe hacia su generación. Y el pasado mes de julio, Yan Lianke señaló a la generación post-1980 como “una generación pusilánime que no se hace escuchar”. Habrá que esperar varios años aún para ver si estos autores jóvenes que ahora se sienten ignorados acaban por consagrarse o, por el contrario y como profetiza Cao Xia, de la Universidad de Nankai, se convierte en “la última generación” de la Literatura (con mayúsculas) en China.

(Pekín, 21/3/2016)

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